De hijos adoptivos, predilectos, nombres de calles y demás reconocimientos

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A nadie se le escapa, que a pesar de la satisfacción de que a alguien lo nombren hijo predilecto, hija adoptiva o que una calle lleve su nombre, o se regula tal reconocimiento y tiene el apoyo de todos y la formalidad debida, o estará huérfano, o dicho de otro modo, si un reconocimiento viene avalado sólo por la mayoría de turno, sin criterios objetivos y calor de todos los representantes de una ciudad, pobre reconocimiento. Flores marchitas.

El Ayuntamiento de Fuengirola no tiene Reglamento de honores y distinciones, tampoco de protocolo o ceremonial, y es cierto que ello no ha impedido reconocer a vecinos y vecinas o nombrar hijos adoptivos o predilectos antes, pero también es cierto, que el último intento del Partido Popular en la ciudad ha sido un “feo” a la persona propuesta al pretender hacerlo sólo con sus votos.

Ya habrán adivinado que me refiero a la propuesta de nombrar hija predilecta de la ciudad a Esperanza Oña, el modo, comunicar a la opinión pública que el PP lo proponía y que como son mayoría saldría adelante, con manifiesto desprecio al resto de la ciudad, de sus representantes. Nada nuevo. Es cierto que son mayoría, pero ¿es suficiente para tan alto reconocimiento?, ¿A qué se deben las prisas? ¿Tiene mérito darle dicha distinción a tu jefa política?

En mi opinión, si un reconocimiento así no tiene el apoyo de los grupos políticos en el Consistorio, es decir, la ciudadanía entera representada mediante sus concejales, es un error de libro hacer hija adoptiva no reconocida por parte de la ciudad a alquien.

La actual alcadesa, Ana Mula, promotora de la ocurrencia y puesta a dedo por su predilecta compañera de partido, ha anunciado que presentará ese reglamento que pedimos mediante una nota pública, pero que no olvide que el reglamento lo que debe recoger es la forma de nombrar, el camino, y no hay otro que dicha propuesta salga con la rúbrica de los portavoces de los grupos municipales para así solicitarlo al alcalde/sa presidente/a de turno. A partir de ahí, buscar el diálogo tan huérfano en la casa de todos los fuengiroleños como prepotencía llevaba el intento de nombrar hija adoptiva a alguien sin reconocimiento de parte.

 


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