Hygge

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Lo sencillo a veces es lo que más te hace sentir, vibrar. La Ley de Jante (Janteloven), ficticia, pero de fuerte arraigo cultural, aunque se haya evaporado un poco con el paso de los años, nos viene a decir que no nos creamos más que los demás. Modo de entender y afrontar las cosas y la vida, que durante tanto tiempo ha sido, y en esencia sigue siendo, un principio ético del pueblo danés. La sirenita (Den lille havfrue) es posiblemente la imagen que recoge mejor, sin decir nada, el significado de janteloven y hygge, ahí, tranquilita, sencilla, sin creerse la más bonita (siéndolo) y disfrutando de un instante que te da la felicidad, que como todos sabemos, son ratitos.

Desde hace más de 20 años frecuento el país que los últimos quince viene dándome de comer, expresión ésta poco elegante quizás pero que por “economía procesal” la he dejado ahí tal cual. Tenía una cita pendiente desde hace tiempo, que por unos motivos u otros se iba posponiendo. Lo de bajo a comprar tabaco no coló, pero todo ha sido como ayer. Copenhague (København), su capital, y una de las ciudades más vivibles del mundo según todos los estudios (yo no puedo juzgar hasta que no esté en todas, pero lo sospecho), se deja seducir aunque sea por unos días para imaginar como sería por dentro, en su día a día, dejándote intuir y acariciar sus rincones, calles, curiosear y tomar smørrebrød, kæanemelk … incluso puede que te regale algún beso, siendo ella de seducción lenta.

Como todas las ciudades vivas, se van transformando, normalmente a mejor, aunque no siempre, y aquellas que en cada visita te sorprende es porque algo bueno hace. Es el caso. Con la edad gana, madura su encanto, sus curvas y su mirada, me gusta toda ella, vestida, desnuda, cuando me quiere cálida y cuando me congela.

Nuevos espacios, puentes para bicis y peatones, nuevos locales con gusto y no siempre caros, caras nuevas – bueno, esto venía a cuento de otra historia -, y así redescubrir una ciudad que está en mi lista de visitas periódicas por prescripción médica, que es el único modo de sentir que es también algo tuya.

La primera recomendación a quien llega por primera o décima vez, es tirar de bici algunos días, te quitará la pereza de ir a los sitios más apartados, la conocida como “isla de papel”, que ya con el nuevo “puente del beso” se ha quedado más cerca, ir a desayunar a algún barrio escondido o para los más frikis, a alguna calle, Overgaden oven Vandet por ejemplo, en la que algunos de los protagonistas de Borgen se dieron algo más que papeles.

El barrio de moda, Nørrebro, es donde todos quieres estar ahora, antiguo barrio de prostitución y noches oscuras, reconvertido en vanguardismo y modernez, aunque yo sigo siendo fiel a Kristianhavn, gusto tradicional en las construcciones y canales de espejo, cerca y en armonía con el otro lado del Københavns Havn con el Black Diamond (biblioteca) y zona de oficinas (edificio de Nykredit, arquitectos, diseñadores, abogados etc), siendo una combinación que se me antoja atractiva para una vida prestada. En los canales de Kristianhavn pueden verse barcos-viviendas con su correspondiente buzón de correos y casas coloridas que te invitan a sentarte un rato a disfrutarlas desde cualquier café de esquina o en un banco sin más.

Pero volvamos a Nørrebro. Una mañana no se debe faltar para desayunar (morgenmad), en Jægersborggade tienes lo más cantado y contado, a alguna de sus cafeterías hogareñas con tintes modernistas. No te asustes si ves algún carrito con niños solos en la puerta, no los han abandonado, es por espacio o para que se habitúen las criaturas al clima, el que sea. Entre el desayuno y una kanelsnegle (caracola de canela), recorre sus calles, parques y echa un vistazo a las instalaciones deportivas y de juegos callejeros, toda una apuesta de ciudad pensada para la gente. Si en lugar de la canela eres más de salado, hasta un pequeño pan a secas te resultará apetecible si pasas al mostrador de Meyers Bageri.

Para volver, o de ida, los lagos te regalarán alguna imagen de dulces caras danesas comiéndose a besos, que rico, pensarás, la caracola y el azúcar pegada que no te abandona.

Christiania está muy trillada, pero se debe pasar al menos para ver el trasiego y lo mejor, los talleres de bicicletas. Te dan ganas de comprar una, tener dos o tres niños para llevarlos en la cesta, no sin antes hacerte unos cuanto tatuajes y dejarte barba hipster. Ya si se te han echo mayores, se pierde mucho.

Para los seguidores de la serie política “Borgen“, siempre quedará Christianborg, también conocido con el nombre que adoptó la serie. Miras a la torre y ves, imaginas, a Bent Sejrø hablando con Birgitte, sin alcanzar a adivinar que le dice, aunque seguro que sea valiente y siga su instinto. Te paseas por los pórticos donde ya no susurrar los caballos, y te cruzas con algún socio/a de coalición de Nyborg, o al cruzar, ya para ir saliendo, el puente de mármol (marmorbroen) para cruzarte como testigo de una filtración de papeles comprometidos. Dejado el puente y las filtraciones, nos dejamos caer en Kanal Cafeen, es la hora del frokost (almuerzo). No olvidéis beber snaps  poco a poco alternando con la cerveza y el smørrebrød. Recomendable unos de sus menús degustación donde podréis recorrer la gastronomía danesa, sild, rødspætte med remoulade, ribbensteg med rødkål, roastbeef med pickles, hønsesalat …

Después de entrar en la cocina danesa más castiza, bien regada de cerveza local y unos snaps de akvavit, nos podremos atrever con un poco de danés … Del rød grød med fløde y del øllebrød hablaremos otro día en la sección de cocina. Vi ses !


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