Un verano al uso

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Hacía muchos veranos que no estaba sin las responsabilidades que conlleva ser concejal de un lugar donde el verano es más que vacacional. Hace poco dije sin ironía que había sido un honor ser concejal de Fuengirola y un descubrimiento dejar de serlo, y es que los días y las horas después del trabajo dejan espacio para algo más que para la política, siendo esta también una pasión que nunca se aparca.

Tras doce años de concejal sin sueldo, con excepción de dos que sí lo tuve como diputado provincial, es decir, lo que se llama en los ambientes dedicación exclusiva, he tenido siempre que combinarlo con mis tareas como abogado en un generoso y paciente estudio jurídico de asesoramiento a la comunidad escandinava en la Costa del Sol.

Ahora vuelvo a disfrutar de ese espacio profesional internacional donde se planifican viajes a las islas para prestar también allí nuestros servicios, o fuera de España para seminarios y/o encuentros profesionales. Volver a casa sin nunca haberla abandonado produce una sensación extraña, quizás porque parte de la mente estaba ausente o centrada en otras cosas. Qué cosas !

Digo esto días antes de escaparme del soleado y maravilloso mundo costasoleño para poner en valor a concejales y concejales, de todos los partidos, que verano tras verano, otoño tras otoño, dedican su tiempo, con o sin sueldo, con más o menos ganas, a sus ciudades y pueblos. Ténganlos ustedes en cuenta aunque crean que están siendo premiados al verlos tan contentos en sus fotos recreativo-políticas de verano. Todo conlleva su esfuerzo, hasta el pose selfiano.

Ahora que el baloncesto aprieta, recuerdo que el último verano que pude estar un mes sin pestañeas fue en 2006 en Japón, coincidiendo con el mundial de baloncesto, que además ganamos para mayor goce de la afición. Este verano no tendré tanta suerte, solo la mitad, porque había que readaptar y ajustar cuentas, dicho sea en términos estrictamente económicos, aunque todo se andará.


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